El verdadero hombre masculino. #6

ImageEl verdadero hombre masculino necesitaba reforzar la masculinidad del universo, pues la fatídica metrosexualidad lo estaba destrozando todo, y mientras devoraba una lata de foigrás como único desayuno, se le ocurrió una idea.

El verdadero hombre masculino se dirigió al baño, armado de tijeras, y lo que en su tiempo seguramente fue una maquinilla de afeitar desechable. Iba a dejarse bigote, pero en su naturaleza no estaba la minuciosidad, así que el resultado fue un tanto abstracto, aunque si tremendamente masculino.

Y así la energía masculina natural del mundo volvió a su cauce.

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El verdadero hombre masculino. #5

ImageEl verdadero hombre masculino acababa de terminar de defecar con inusual fuerza, y se disponía a rebañar de su ano los últimos restos adheridos a las paredes de su recto para continuar con su vida, pues la higiene personal no esta reñida con la masculinidad, cuando se percató de algo horrible. No quedaba papel higiénico.

El verdadero hombre masculino nunca cambiaba el rollo, ni compraba papel higiénico, al menos no a menudo, y solía encontrarse en esta situación.

El verdadero hombre masculino cogió el tubo de cartón, lo rajó para desenrollarlo, respiró hondo, y se limpió lo más dignamente que pudo, que no es mucho decir en este caso.

 

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El increíble hombre masculino. #4

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El verdadero hombre masculino estaba engordando, debido a su estilo de vida, para nada saludable, del todo reprobable, como a él le gustaba llamarlo. 

Pero al verdadero hombre masculino eso le daba igual.

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El verdadero hombre masculino. #3

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El verdadero hombre masculino necesitaba pantalones, porque no hay pantalones que aguanten el ritmo de vida del verdadero hombre masculino más de tres meses, pero el verdadero hombre masculino odia ir de compras.

El verdadero hombre masculino, en calzoncillos, no sabía qué hacer. 

El verdadero hombre masculino se encogió de hombros, cogió el cinturón, una manta gruesa, y se la ató a la cintura.

Porque el verdadero hombre masculino luce masculino hasta con una falda casera.

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El verdadero hombre masculino. #2

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El verdadero hombre masculino sintió mariposas en el estómago al verla, con su melena plateada al viento, como una musa del cine clásico, moviendo sus caderas de forma tan sugerente que le costó mantener su actitud de verdadero hombre masculino. Estuvo pensando todo el día en ella, mientras la sensación persistía, y gracias a años de televisión un sentimiento extraño de felicidad se unió al primero.

El verdadero hombre masculino llegó a casa aún pensando en ella, y se dirigió directamente al baño. No tenía mariposas en el estómago, sino que los huevos de su desayuno no estaban en buen estado, cosa de la que, al ser el verdadero hombre masculino, no se había percatado. 

Y se olvidó de ella.

Porque el verdadero hombre masculino no tiene sentimientos. Los sentimientos son demasiado gays. 

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El verdadero hombre masculino. #1

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El verdadero hombre masculino se encontraba cortándose las uñas de los pies mientras se tomaba el primer café de la mañana, porque esas son las cosas que hacen los verdaderos hombres masculinos, cuando una de las uñas, concretamente la del pulgar, saltó describiendo una fantástica parábola y atravesando la superficie del café en un picado que habría ganado el oro en los juegos olímpicos, casi sin salpicar.

El verdadero hombre masculino contempló el café.

El verdadero hombre masculino se encogió de hombros, y se terminó el café.

 

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Succionando, succionando.

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Un sofisticado instrumento de tortura encubierto por una de las más absurdas tareas dentro de la limpieza del hogar.

El aspirador, un de los ingenios del siglo XX del que ninguna ama de casa podría prescindir, fuera cual fuese su estatus, y que convertiría las tareas de limpieza en un paseo de rosas, pero todo el mundo se olvida siempre de las espinas.

Debajo de este absurdo propósito se escondía algo más oscuro, más aterrador, y es que, si no, ¿cómo un instrumento de tanta difusión no ha sido capaz de evolucionar hacia el silencio, hacia la paz y la tranquilidad que se supone que debería reinar en el hogar?

No, eso no interesa, pues desde su nacimiento, este instrumento asociado al ruido no ha sido usado para liberar a los suelos, alfombras, y demás inmuebles del hogar de polvo y suciedad en general, sino para despertar a jóvenes resacosos, esposos vagueantes y vecinos poco queridos. Y por esta razón, en caso de que alguna vez un aspirador evolucionado y silencioso haya salido al mercado, este ha fracasado y no ha sido capaz de desbancar a los ya asentados en los estantes de los establecimientos, pues las buenas amas de casa, ya inmunes al horripilante sonido que desprende esta máquina del mal, no necesitan el silencio, ni una potencia mayor, si acaso más ruido o un objeto punzante al final del brazo telescópico para los casos más duros.

Pero no todo ha sido maldad dentro de este pozo de perdición, pues en todo plan de destrucción han existido personas que pensaban que estaban buscando el bien, y se separaron cuando se dieron cuenta de para que estaban siendo utilizados sus esfuerzos. Así, como los científicos que desarrollaron la bomba nuclear, los fabricantes de bolsas de aspirador no quisieron continuar con este proyecto, dejando al mercado sin toda la gama de este material necesaria para una completa destrucción del sueño mañanero. Por esta razón, cuando vayan a buscar un nuevo pack de bolsas de aspirador que sustituya al que venía con el aparato, nunca encontrarán su modelo, gracias a que hubo personas que luchaban por el bien común y no querían ser utilizados para fines destructivos.

Esto, finalmente, viene a ser una crítica contra un aparato ineficiente, ruidoso, difícil de transportar, y en conjunto, “una mierda pinchada en un palo”, que solo ha sabido hacer daño, pero sin ánimo de ofender, mucho, a toda aquella persona que lo use. Pero que paren. Que no es agradable.

¡¡COJONES YA!!

 

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