Un niño muy desgraciado.

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Érase una vez un “niño muy desgraciado”, y su condición de desgraciado venía dada por varias razones. La primera, era que su padre era matemático. Un gran matemático. Y, seamos sinceros, ¿quien quiere un padre que se dedica a desentrañar las incógnitas más absurdas del universo?

Pongamos un ejemplo:

– Jonnhy, ¿a qué se dedica tu papá?

– Mi papá es bombero, y salva a las personas que van a morir en los incendios.

– Muy bien Jonnhy, ¿y el tuyo, Jim?

– Pues mi papá es matemático, y ha descubierto unas cosas que ni usted, profesora, podría entender.

– Sabes que estás suspenso, ¿verdad, Jim?

– Si, seño.

A esto me refiero. Pero no solo era desgraciado por esto, que bastante desgracia es ya, había más razones. Como, por ejemplo, que este niño (y no me refiero a Jim, Jim y Jonnhy eran solo ejemplos, y cualquier parecido con la realidad es pura casualidad) no tenía piernas. Bueno, un poco de piernas tenía, pero eran como unos 20 cm totalmente inútiles que acababan en sendos muñones. Podría ser más desgraciado aún, no se, podría ser negro albino en África, pero tampoco quiero herir la sensibilidad de nadie, así que este dato lo dejo a la elección del lector, convirtiendo de este modo este relato en interactivo, al poder dotar al personaje de más cualidades que le hagan desgraciado, y además, así, ejercitáis la imaginación, que os hace falta.

Pero no debería desviarme del tema.

Podríais decir, “bueno, dos desgracias y una a nuestra elección, no son tantas desgracias, hay niños que se mueren de hambre, este, al menos, con su padre matemático, podría sobrevivir”, y es verdad, así que os contaré la última de las desgracias impuestas por mi, el autor. Este niño no tenía amigos. Y no tenía amigos no porque fuese un tullido, o porque fuese un negro albino en África, sino porque era un completo gilipollas que se creía mejor que los demás. Cuando, en un intento de hacer discriminación positiva para que se integrase, el escupía a sus compañeros, o se tiraba de la silla y se cagaba encima para que le tuviesen que limpiar. ¿Y por qué se comportaba así? Tener un padre matemático deja secuelas.

El caso es que llegó el cumpleaños de Jim, digo, del “niño muy desgraciado”, porque Jim era solo un ejemplo, y preparó una fiesta. Una fiesta con muchísimos invitados, y para la que su padre matemático preparó una deliciosa tarta volcán de chocolate, mala idea si tienes que repartir la tarta porque los últimos en recibir su ración se quedarán sin apenas relleno, pero, oye, era matemático, no chef.

Nadie fue a la fiesta, y allí estaba el “niño muy desgraciado”, en su silla de ruedas, con su gorrito de fiesta, mirando a su padre matemático, mientras su padre matemático le miraba a él. El chaval en cierto modo se alegraba de que no hubiese venido nadie, porque no tendría saliva suficiente para todos los invitados, pero el padre matemático tenía un gran dilema, pues había llegado el momento de repartir la tarta.

Teniendo en cuenta que su hijo era prácticamente 1/2 de persona, redondeando, si repartía la tarta , a cada 1/2 de persona le tocaría una tarta entera (el no comía tarta, era alérgico a los volcanes de chocolate), pero claro, las convenciones sociales decían que su hijo, a pesar de ser prácticamente 1/2 persona, era un ser humano completo, porque lo que importa es el corazón, y esas mierdas, demostrando así que las convenciones sociales no conocían al niño muy desgraciado, y de este modo, le tocarían dos tartas. Y el padre matemático no tenía ni dos tartas, ni los ingredientes para preparar otra tarta, ni las ganas. Además, las matemáticas le habían fallado de una forma que nunca habría imaginado.

Y solo se le ocurrió una salida posible.

El padre matemático se fue a por tabaco, y entendemos por tabaco la típica excusa para huir dejando a tu hijo inválido e hijo de puta encerrado en casa porque no llega al pestillo mientras tu huyes a Méjico a empezar una nueva vida como, por ejemplo, vendedor de tacos en la calle.

Y ahora, como esto iba a ser un poco interactivo, os daré dos finales alternativos, uno alegre, y uno triste, y viceversa, según os caiga el personaje:

a) Jim, digo, el “niño muy desgraciado”, encontró un teléfono y llamó a la policía, la cual le rescató a la par que el les escupía, exigía su otra tarta volcán de chocolate y se cagaba encima para que le limpiasen.

b) El “niño muy desgraciado” no pudo encontrar un teléfono, y fue encontrado a los pocos meses debido al olor por las autoridades pertinentes. Estas autoridades pertinentes lo hallaron en un charco de sus propios esputos, todo cagado, y con un cartel en el pecho en el que exigía su otra tarta volcán de chocolate.

FIN

P.D.: Si no habéis entendido lo de las tartas, haber estudiado.

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